Artículo de Alfonso Lazo
Diario El Mundo, 9 de junio del 2000
A DISTANCIA. ALFONSO LAZO
Progresismo y culturaDesde que la derecha europea abandonó sus ensoñaciones de vuelta al antiguo régimen, asumió la democracia, y aceptó que el Estado del bienestar de los partidos socialdemócratas era una conquista irreversible, la mentalidad de izquierdas anda en una crisis de iden-tidad y no puede definir claramente cuáles son ya sus diferencias con la ideología conservadora.
La cosa se hace todavía más difusa si bajamos al terreno de la práctica, donde es imposible distinguir entre administraciones de distinto signo; y alcanza el desconcierto, cuando uno encuentra gobiernos de derechas que adoptan, al menos en apariencia, medidas progresistas, mientras partidos de izquierdas en el poder mantienen, en algunos campos sensibles, políticas reaccionarias sin matices.
Por ejemplo, el nuevo director general de Radio Televisión Española declaraba la pasada semana su negativa a entrar, «por mor de la competencia», en el «todo vale», y su voluntad de orientar la cadena hacia programas de calidad y «contenidos éticos y estéticos». No sé si cumplirá, pero sí sé que el responsable de Canal Sur no ha hecho nunca declaraciones semejantes. En realidad no puede hacerlas, so pena de sarcástica carcajada universal. Y no es éste un ejemplo baladí: la importancia dada a la educación de las multitudes y al desarrollo de su nivel cultural, ha sido siempre seña de identidad del socialismo o de cualquier gobierno progresista.A la vista del conjunto gubernamental, la consejera de Cultura de la adminis-tración Chaves resulta la joya de la corona. Sabe lo que quiere y se sabe lo que ha hecho; lo cual no es poco decir, en comparacion con algunas otras consejerías, donde las cuotas territoriales, de poder y de sexo, causan estragos. Carmen Calvo tiene una excelente gestión, tanto en el complejo mantenimiento del patrimonio andaluz, como al programar eventos de calidad para satisfacer las necesidades de un público ilus-trado. Pero una política de progreso va mucho más allá de la alta cultura, y debe orientarse también hacia las grandes masas. Desgraciadamente, aquí Calvo está privada de toda competencia.
Dice en sus diarios Jean Daniel que la cultura sólo interesa a la gente culta, no hay problema cultural para los incultos, y el problema sólo existe para la gente cultivada. 0 sea, se trata de saber si debemos resignarnos a que la mayoría siga instalada en la ignorancia. La respuesta de izquierdas únicamente puede ser no, y el recurso a la escuela y la televisión como instrumentos eficaces para sacar a la multitud de su apatía. Ahora bien, en la comunidad andaluza ni a la enseñanza pública, ni a la televisión se les está permitiendo jugar ese papel. Muy al contrario.
El infirno nivel cultural andaluz, a la cola de Europa, resulta pavoroso. Está relacionado hoy con el atraso de la política educativa, el bajo gasto por universitario, y el hundimiento en la calidad de la enseñanza obligatoria -a pesar de unos buenos profesores- que hace huir despavoridos a los padres hacia los colegios privados. Una programación televisiva embrutecedora y reaccionaria añade lo demás. Entonces, ¿cómo seguir llamando a todo esto progresismo?