Prensa
Escuela Española
Salvemos el latín
EUGENIO NASARRE
PORTAVOZ DEL PP EN LA COMISIÓN DE EDUCACIÓN Y CIENCIA DEL CONGRESODe nuevo el latín está en el centro de la polémica. Desde luego, es uno de los perdedores en el an¬teproyecto de la LOE. Comprendo al profesor Rodríguez Adrados, que ha hablado de «decepción y desánimo». Es el sentimiento que me expresan muchos docentes de filología clásica. Algunos preguntan con grave preocupación: ¿es la última ocasión perdida para que las humanidades clásicas ocupen el lugar que merecen en las enseñanzas medias para lograr una formación humanística sólida? La cultura clásica y el latín han quedado relegadas, en efecto, al gran saco de las materias optativas, Formar parte de ese sa¬co conduce, inevitablemente, a su definitiva marginación en nuestra educación secundaria.
Yo he firmado el manifiesto promovido por la Sociedad de Estudios Clásicos, que con tanta tenacidad y acierto preside el profesor Antonio Alvar. Lo he hecho con la convicción de que la muerte del latín y de la cultura clásica en nuestras enseñan¬zas medias constituye el certificado de un empobrecimiento letal de la educación se¬cundaria en España. Es la aceptación re¬signada de que el objetivo de la educación secundaria, por exigencias de los nuevos tiempos, debe consistir meramente en la «alfabetización funcional» de sus alumnos. . Para tal objetivo parece que una adecua¬da inmersión en la cultura clásica estorba. Dejémoslo como algo residual para que poco a poco vaya desapareciendo de nuestro mapa educativo. La cultura clási¬ca -se nos dice- debe quedar reservada a los especialistas.
La verdad es que este planteamiento vie¬ne va de lejos. Se reflejó perfectamente en 1a LOGSE. El latín fue víctima del «modelo comprensivo» hasta los 16 años. Cuando en la segunda mitad de los noventa, a ra¬íz de la gran polémica sobre «las humani¬dades», que dio lugar al Dictamen elabo¬rado por la Comisión, presidida con tanto tino por el ex ministro Ortega y Díaz Am¬brona, resultó para mí curioso y decep¬cionante que uno de los puntos que sus¬citó un debate más vivo en el seno de la Comisión fue precisamente el «problema del latín. No se pusieron de acuerdo. Aca¬so fue el punto en el que el Dictamen re¬sultó más vaporoso y falto de contenido. «No pude hacer más», me dijo, con tris¬teza, Ortega y Díaz Ambrona.Mí interpretación de aquel fracaso, que se reproduce en la redacción del borrador de la LOE, es que una materia como la cultura clásica y el latín acaba siendo víc¬tima del «modelo comprensivo» llevado hasta sus extremos. Convertir al latín en una materia obligatoria para todos los alumnos de la secundaria obligatoria pa-' rece que no es una pretensión razonable. Yo tampoco lo defiendo. Pero sí la es, al menos en mi opinión, que a un sector del alumnado se le ofrezca una vía formativa de mayor contenido humanístico, de la que forme parte el latín. Sólo una for¬mación secundaria con una diver¬sificación, a través de itinerarios, puede hacer recuperar al latín un lugar adecuado en los es¬tudios secundarios. Una de las razones podero¬sas de la «invención» de los itinerarios (o como los queramos llamar) es la recupe¬ración de materias como el latín o la físi¬ca y química.
Debo decir, sinceramente, que la op¬tatividad como panacea no me convence. Es una solución facilona, tosca y endeble teóricamente. En el caso de la cultura clá¬sica y el latín, es el preludio de su defun¬ción. Debemos evitarlo a toda costa por el bien del futuro de nuestra cultura.
HOY SABADO
JOSE MARIA VAZ DE SOTO
Réplicas filológicas
BoletínEl Mundo 27 de noviembre del 2004
Parece ser que mi artículo del pasado sábado sobre lenguas y dialectos de la Península ha chocado un poco en dos sectores bien distintos: el de los que andan preocupados por si el catalán y el valenciano son o no una misma lengua y el de los que se empeñan en que en la España actual todo es mestizo por real decreto, desde la sangre («jamás / de hebrea o mora manchada», decía de la suya un personaje de Lope) hasta la lengua.
Nos detendremos hoy en este segundo punto; ya que la polémica del valenciano parece que se ha dado por solventada con la claudicación filológica de Zapatero a la presión lingüisticopresupuestaria de Carod-Rovira, y ya se verá en su día si los valencianos le pasan la factura electoral sólo por el trasvase de agua que les ha negado o también por el cambio de nombre para su lengua que les ha impuesto. Por cierto que el diccionario académico llama a esta lengua «valenciano», pero dice de ella que «se siente allí comúnmente como lengua propia». Y pregunto yo: ¿es que es lengua ajena? iÓle por la Academia! Nos vamos a entender todos pronto, si empezamos con éstas.
Pero volvamos a la otra cuestión. ¿Qué significa el término «mestizo» dicho de un idioma y empleado por el Rey en su discurso inaugural del III Congreso Internacional de la Lengua Española? ¿Que no tiene su origen en una sola lengua ante rior, sino que es el resultado de un cruce de dos o más lenguas? Si es así, será tal vez el caso del inglés que,
siendo un idioma germánico, se ha dejado permear de tal modo por el francés medieval y el latín que más de la mitad de su vocabulario es hoy de origen latino; pero no el caso del español, que es el resultado actual
del latín hablado en Hispania, tanto en su fonética y su gramática como en su vocabulario patrimonial. Cierto que también ha recibido préstamos léxicos de diversas lenguas, principalmente del árabe, del que adoptó por adstrato cientos de palabras de uso común. Pero obsérvese que casi todas son nombres concretos de muy determinados campos semánticos como la agricultura (aceite, arroz, azúcar, sandía, berenjena... ), la albañilería (tabique, azotea, azulejo, alcoba, albañil...) o la artesanía (taza, jarra, taracea, alhaja, tarima...). Se trata, en definitiva, de un aporte léxico limitado y que en nada afecta a los niveles básicos del sistema, esto es, a la gramática y la fonología. El español es, insisto, hijo del latín y nada justifica lingüísticamente hablar de mestizaje, por muy políticamente correcto que sea hacerlo así en un congreso hispanoamericano.
ABC, 5 de octubre del 2004.
OPINIÓN
EDICIÓN IMPRESA - COLABORACIONES
SEÑORES DEL PSOE, SALVEN LAS HUMANIDADES CLÁSICAS
POR FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS. de las Reales Academias Española y de la Historia/TODOS los días están llenos los medios de comunicación de los proyectos del PSOE en relación con nuevas leyes y con reformas de la Constitución y los Estatutos de Autonomía, entre mil cosas más. Pero sobre la Ley de Calidad de la Enseñanza, cuya aplicación fue suspendida en varios puntos, solamente se han publicado unas propuestas que para el tema que en este momento me interesa no dicen gran cosa. Pienso que esto no puede quedar así y que hay que llegar a verdaderas soluciones, mejor antes que después. Voy a destacar un tema por el que llevo luchando muchos años, el de las Humanidades Clásicas.
De verdad, no voy a entrar aquí en toda la problemática de la Ley de Calidad de la Enseñanza, que en términos generales me parecía necesaria, así lo he defendido varias veces en ABC y en otros lugares. Hago notar, por otra parte, que el mismo PSOE dejó en vigor varios puntos de la Ley que eran esenciales: sobre todo, la prohibición del paso automático de curso. Introduce un poco de seriedad.
Pero lo que, con infinito trabajo, se había conseguido a favor de las Humanidades Clásicas en la ESO, gracias a dicha Ley, quedó «en suspenso» al quedar suspendidos los itinerarios, es decir, la posibilidad de elección, para los alumnos de quince y dieciséis años. Todo lo ganado se ha ido, de momento, al hoyo.
Y no, estoy seguro, por hostilidad a las Humanidades Clásicas, sino por una posición de principio. Quizá suene bien a algunos, pero en toda Europa hay elección de materias, desde los quince años o antes, según demostré con datos, en ABC. La quiere la mayoría del profesorado, también lo hice ver con datos. Favorece el despliegue de las diversas vocaciones y capacidades, evita una uniformidad artificial e injusta. Esto nos lo han reconocido, a mí y a miembros de la Sociedad de Estudios Clásicos, responsables educativos del PSOE, antes y después del 11 de Marzo. Quizá lo prefieren con otras fórmulas. Pues que se busquen.
El tema de las Humanidades Clásicas no debe ser -y creo que no es- una cuestión de partidos. Todos ellos saben que vivimos, cultural y políticamente hablando, de invenciones de griegos y romanos, que van de la democracia al teatro, a la ciencia, al atletismo. Ningún ataque directo hemos recibido de los grupos políticos, a veces elogios. Y con los socialistas y con el PP hemos negociado. Y hemos obtenido algunas cosas, hemos fracasado en otras.
Con los socialistas se logró la introducción de la «Cultura Clásica», aunque en una forma más bien débil. Recuerdo cuando Solana y Rubalcaba me decían que ellos no querían pasar a la Historia como los causantes del fin de la enseñanza de las lenguas clásicas. Luego, con el Partido Popular en el poder, pasamos largas angustias cuando se mezcló la política y no fueron posibles las reformas que impulsaba Esperanza Aguirre. Más tarde fue un éxito, en tiempos de Pilar del Castillo, que a la subsección de Humanidades y Ciencias Sociales del Bachillerato se le concediera un segundo año de Griego (aunque con ciertas indefiniciones): uno era ridículo. Esto ha sido respetado. Nada se consiguió para el latín y me quejé, en aquel momento, en estas mismas páginas.
Y se consiguió también, vuelvo a mi tema, gracias a la Ley de Calidad, un curso de Cultura Clásica en la ESO, uno de Latín en un itinerario de Humanidades y Ciencias Sociales de la misma ESO. Esto es lo que ha quedado provisionalmente arrasado: elevo aquí mi voz para que vuelva.
Pero no quiero insistir sobre este tema sin decir que en el Bachillerato nos hemos quedado lejos de la verdadera solución. Ante el Ministerio y ante el propio presidente Aznar, insistí en que la verdadera solución pasaba por dividir en dos la rama de Humanidades y Ciencias Sociales. Que en una rama de Sociales se prescindiera del Latín y el Griego y, en cambio, en Humanidades se prescindiera de Economía, Matemáticas, Psicología y otras materias más que impiden que haya un Latín y un Griego de verdad. No hubo nada que hacer.
Verán que procedo imparcialmente, doy (y quito) a cada cual lo suyo. Y que sé que las actuales medidas negativas no proceden de hostilidad, sino del choque con otras exigencias. De ahí ha venido el último número de esta, parece, eterna guerra. La ofensiva -que creo un error, hablemos francamente- contra los itinerarios de la ESO se ha cargado -provisionalmente- lo que, de entre esperanzas más amplias, se había conseguido con la Ley de Calidad. Una mejora para la Cultura Clásica, liberada de interpretaciones y reducciones aquí y allá; y un poco de Latín.
Es como si -decía yo a responsables educativos- una bomba no demasiado «inteligente» hubiera caído no sobre el objetivo prefijado, sino sobre uno no querido. Daños colaterales se llama a eso. En este caso, por fortuna, es algo que puede repararse.
El miedo es que en un momento de máxima ebullición política todo esto se olvide o se deje de lado. Y que es, parece, complejo: uno se lo explica a los periodistas y no se enteran. Pues bien, es importante para toda la nación española: más, me parece, que tantas causas de pequeños grupos gritadores en tantos niveles y esquinas de nuestra nación. A llamar la atención sobre ello va encaminado este artículo. El tema de la Ley de Calidad debe encarrilarse rápidamente. Es algo que estaba en la Ley por derecho propio y no fue objetado por nadie en su momento. Restaurarlo es lo menos que puede hacer el Gobierno socialista. Le dará honor.
A lo que más tememos es a que se haga una reglamentación-vaselina a base de opciones indiscriminadas en que puedan meter la cuchara Autonomías y hasta Centros. Sería llegar a nada, volver a la indefinición anterior. No: necesitamos unas Humanidades obligatorias para determinados grupos de alumnos. Y en toda España.
Pero, la verdad, la propuesta presentada por el Gobierno no nos tranquiliza nada.
Discúlpenme si recuerdo nuestra larga lucha a lo largo de tiempos en que primaba el tema de las Humanidades y todas las primeras figuras del país firmaban nuestros escritos en defensa de las mismas. Luego, los resultados fueron bastante magros, pero se evitó lo peor. Y mejoró la moral de un profesorado y un alumnado dedicados, pero sometidos a infinitas tensiones a lo largo de las interminables reformas y su tira y afloja. Hay que acabar con esto y hacer unos planes consensuados y duraderos.
Ahora mismo, la Constitución Europea va a firmarse en Roma, como reconocimiento de que allí tuvo Europa su origen. Su segundo origen, pues el primero estuvo en Grecia, de donde vienen el nombre y la idea.
Ha ocupado nuestros ojos y oídos un mes entero con las Olimpiadas. Pero ahí acaba todo. Cuando en un momento acudimos a la Comisión Europea para que apoyara la enseñanza del Griego y el Latín en toda Europa, no nos hizo ni caso. Y sin embargo, la griega y la latina son lenguas y culturas que unen no sólo a toda Europa, también a todas las regiones de España, una a una.
Y a la Humanidad, diría. No sé si alguien ha traducido los bellos versos de Píndaro en el oro de las medallas: «Oh madre de los Juegos de coronas de oro, Olimpia, señora de la Verdad». La verdad es el triunfo, pero dentro de unas leyes iguales.
Si intentamos que la enseñanza española sea una cosa seria, que respete capacidades y excelencias, un pequeño paso, entre otros, sería este de respetar lo que para las lenguas y culturas antiguas se había ganado. Hay una continuidad que viene de lejos; dejémosla proyectarse hacia el futuro.
D. Juan Gil concluye su monumental libro Los conversos y la Inquisición de Sevilla
El Mundo, 25 de septiembre del 2003
SEVILLA.- El catedrático de la Universidad de Sevilla Juan Gil ha concluido su obra Los conversos y la Inquisición de Sevilla que, editada en ocho volúmenes que superan en total las 4.000 páginas, ha sido calificada ya por los especialistas de «colosal» y «monumental» .
Tres de los ocho tomos, que han sido coeditados por la Universidad de Sevilla y la Fundación El Monte, son un «ensayo de prosopografía» que define 3.464 nombres de conversos de los que, penitenciados o habilitados por la Inquisición, se informa de su profesión, bienes, causas con el Santo Tribunal y relaciones familiares, además del detalle de los componentes de cada núcleo familiar.
Juan Gil, catedrático de Latín y autor de numerosos estudios americanistas sobre la época de los descubrimientos y sobre expediciones medievales a Asia, ha presentado en la Universidad de Sevilla los tres últimos volumenes de su obra, dedicados a los conversos en el antiguo Reino de Sevilla, el equivalente actual de las provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla, mientras que los cinco primeros volúmenes se centraron en la capital.
El autor, que aseguró haber escrito su obra para que «los interesados encuentren lo que buscan con la menor fatiga posible», ha comprobado tras años de estudio que la Inquisición fue mucho más dura con las mujeres que con los hombres y que en la Baja Andalucía las profesiones más frecuentes en las que se ocuparon los conversos fueron las de sastre, zapatero, escribano, herrero, tintor y platero, por este orden.
Teodoro Pródromo, La Catomiomaquia. (Fco. Antonio García Romero, Introducción, edición y traducción)
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