Artículos
José Antonio Gómez Marín.
LA CRUZ DEL SURLatines
El Mundo de Andalucía
04/06/03
Es una pena la supresión del latín en los planes de estudio y más pena todavía que los responsables de su preservación no hayan sido nunca capaces de argumentar su utilidad. El caso es que se ha perdido en bien poco tiempo hasta esa mínima pátina que quedaba en los bachilleres españoles, tan propensos siempre, eso sí, a entretenerse con latines macarrónicos en exámenes de novatos, festolines académicos y “pasos del ecuador”. El Rector Magnífico de la Onubense, Antonio Ramírez de Verger, consumado especialista en Ovidio –de cuyas “Metamorfosis” y “Amores” ha publicado ediciones admirables—tuvo un día la ocurrencia de escribir en latín clásico una comunicación a un congreso del gremio con el consiguiente trastorno para los colegas habituados a no pasar de las cinco declinaciones. Pero Verger es una raya en el agua –y no sólo en la de ese apacible estanque--, siendo la realidad que el latín se fosiliza a pasos agigantados y ni siquiera hay ya cura de aldea capaz de montarse un gorigori como Dios manda camino del camposanto. Por eso mi estupor ha sido de síncope cuando he hallado en un folleto electoral del PSOE de esa bella población onubense que es Aljaraque una presentación de candidatura escrita en un ruinoso simulacro de latín por la dama aspirante al favor popular: “Simul atque vias est reculorum repleuit unde sic est populi nunc summum res cosae tantae”, explicaba esta sociata entre otros oscuros conceptos debajo de la fotografía que menos mal que iba en papel y no aparecía en las paredes, porque entonces habría que haberle recordado esa guasa, creo que paremiológica, que ya en Roma proclamaba que los nombres de los tontos aparecen siempre en las paredes: “Nomina stultorum semper parietibus instant”. En todo caso, el peligro no es mayor porque esa dama y su candidatura han perdido por goleada la elecciones en el pueblo. Me imagino los plenos que hubiera dado la doña al personal en caso de haberlas ganado.
Yo no niego la consigna sesentayochista que proponía a la imaginación el asalto del poder. Ojalá fuera posible. Pero por imaginación no hemos de entender extravagancia, ni por saber, chascarrillo. Una candidata que se deja caer con ese latinajo contrahecho no le gasta una broma al pueblo sino que lo ofende, aparte de ofrecer una decepcionante idea de lo que su formación entiende por respeto a la cultura. Lo que pasa, por lo demás, es que no hay humor, porque si lo hubiera, la Junta de Zona debería haberle enviado un billete catoniano apretado de verbos perifrásticos y ablativos absolutos, a ver cómo se le quedaba el body a la chistosa y, de paso, a esa complaciente Ejecutiva que permite que se le tome la cabellera al pueblo soberano de esa manera tan irreverente. San Jerónimo, que sí sabía latines por un tubo, se inventó o copió de algún manuscrito corrupto, una famosa morcilla que embutió en el Eclesiástico y que viene al pelo en esta historia: “Stultorum infinitus est numerus”, o séase (aunque la traducción es transparente), que entonces como ahora es infinito el número de los papanatas. ¡Mira que echar el pregoncillo en latín en lo alto de Aljaraque, una ciudad aljamiada que habla el castellano viejo de la casa de Medina Sidonia! Hay más tontos que botellines de cerveza, alcen la voz en vernáculo o recurran al truco seminarista de los latines podridos. Y en Roma debió pasar lo propio, porque Cicerón asegura que “stultorum plena sunt omnia”, vamos, que no caben más tontos porque no hay más sitio. Cuando el PSOE onubense tire la raya y haga balance de tantas tonterías como lo han llevado a la debacle actual, no deberían pasar por alto esos latinajos que, ciertamente, no son gran cosa, pero sí que constituyen una absurda falta de respeto.
Artículo: Cernuda en su Centenario
EL POETA Y LOS MITOS
Bien temprano en la vida, antes que leyeses versos algunos, cayó en tus manos un libro de mitología. Aquellas páginas te revelaron un mundo donde la poesía, vivificándolo como la llama al leño, trasmutaba lo real. Qué triste te apareció entonces tu propia religión. Tú no discutías ésta, ni la ponías en duda, cosa difícil para un niño; mas en tus creencias hondas y arraigadas se insinuó, si no una objeción racional, el presentimiento de una alegría ausente. ¿Por qué se te enseñaba a doblegar la cabeza ante el sufrimiento divinizado, cuando en otro tiempo los hombres fueron tan felices como para adorar, en su plenitud trágica, la hermosura?
Que tú no comprendieras entonces la casualidad profunda que une ciertos mitos con ciertas formas intemporales de la vida, poco importa: cualquier aspiración que haya en ti hacia la poesía, aquellos mitos helénicos fueron quienes la provocaron y la orientaron. Aunque al lado no tuvieses alguien para advertirte del riesgo que así corrías, guiando la vida, instintivamente, conforme a una realidad invisible para la mayoría, y a la nostalgia de una armonía espiritual y corpórea rota y desterrada siglos atrás de entre las gentes.
ELENA
A María Dolores Arana:
Debo confesar que me sorprendió usted ayer, al asegurar que España desconoce, en su arte, la hermosura.
-Sobre esa cuestión escribí páginas donde queda perfectamente explícita mi opinión: España no conoce la hermosura porque Helena nunca abordó allá*.
Un amigo se extrañaba de tu preferencia, entre los poetas españoles, por Garcilaso, en vez de San Juan de la Cruz. Garcilaso es uno de los muy raros escritores nuestros a quien podemos llamar artista. Libre de compromisos mundanos y sobrehumanos (nunca habló del Imperio ni de Dios), busca la hermosura, con todo lo que esa búsqueda implica, y en su búsqueda no necesita sino de los medios y de las facultades terrenas humanas, que poseyó tan plenamente.
Tuvo la fortuna de vivir cuando el Renacimiento quema y disipa con la luz antigua de Grecia tantas caliginosas nieblas medievales, luz que alcanzó también, por feliz y extraño momento, a España, y momento que sería, por desdicha para nosotros, fugaz como relámpago. Pronto, por circunstancias del medio y temperamento indígenas, recae España otra vez en el pasado medieval, de donde jamás volverá a salir.
De aquella luz y de aquel momento se beneficia Garcilaso y se vivifica su poesía. Para ambos, el hombre es de esta tierra y en ella procuran, conocen y reverencian, como deidad única, a la hermosura. La mayoría de los poetas españoles, dada la ninguna afición indígena al pensamiento y a la reflexión, no quiso ver algo que sí vio el gran Racine: que cuando el poeta adquiere o recobra la fe, lo que el cristiano quiera decir, como cristiano acaso no interese al poeta, como poeta.
En otra ocasión has escrito: «No puedo menos de deplorar que Grecia nunca tocara el corazón ni la mente españolas, los más remotos e ignorantes, en Europa, de la gloria que fue Grecia. Bien se echa de ver en nuestra vida, nuestra historia, nuestra literatura». Lo que España perdió así para siempre no fue sólo el conocer a la hermosura, tanto como eso es (y cuando por excepción busca el español a la hermosura, qué torpe inexperiencia muestra), sino el conocer también y respetar a la mesura, uno de los más significantes atributos de ella.
Nadie entre nosotros hubiera sido capaz de aquel deseo de conocimiento hermoso que, en Fausto, al contemplar la faz de Helena, símbolo admirable de Grecia, su patria, se preguntaba: Was this the face that launched a thousand ships / And burnt the toples towers of Ilium? En esa faz mágica cifraron algunos pocos toda su creencia y su amor en este mundo. Cierto que la hermosura humana, según el tópico platónico, no es sino reflejo de la divina. Mas por mucho que ahí te esforzaras, no podrías reconciliar jamás la divinidad hebraicocristiana con la hermosura greco-pagana. Y, de tener que elegir entre ambas, te quedarías, cierta y dichosamente, con ésta.
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Artículo: El latín en Europa
Conclusiones extraídas por la Asociación a partir de un informe elaborado por técnicos del MECD a propósito de la Ley de la Calidad (atentos a su inminente presentación)
1. Latín obligatorio para Letras en Austria, Francia e Italia.
2. Obligatorio para toda la Enseñanza Media: en Italia
3. En la opción de Ciencias se ofrece como optativa en Austria, Francia e Italia
4. Optativo en Letras: Holanda, Bélgica y Alemania (aquí hay que elegir sólo entre Latín o francés)
5. Existe una modalidad de bachill clásico (Gimnasio, Liceo, Athenaeum) en Alemania, Italia y Holanda.